Grounding y salud: evidencia científica y aplicación clínica desde la osteopatía y la fisioterapia
Introducción
En los últimos años, el grounding o earthing ha despertado un creciente interés dentro del ámbito de la salud y el bienestar.
Definición:
Esta práctica, que consiste en el contacto directo del cuerpo con la superficie terrestre (caminar descalzo sobre tierra, césped, arena o piedra natural), se asocia a posibles beneficios sobre el dolor, la inflamación, el descanso y la regulación del sistema nervioso.

Desde una mirada clínica y responsable, es importante diferenciar entre la divulgación simplificada y lo que realmente nos dice la evidencia científica actual.
En este artículo abordamos el grounding desde un enfoque riguroso, integrándolo con la osteopatía, la fisioterapia y la posturología, y explicando cuándo y cómo puede ser una herramienta complementaria dentro de un abordaje terapéutico global.
¿Qué es el grounding?
El grounding hace referencia al contacto eléctrico directo entre el cuerpo humano y la superficie de la Tierra. La hipótesis fisiológica plantea que este contacto permitiría el intercambio de electrones libres, lo que podría influir en procesos inflamatorios, neuroendocrinos y autonómicos.

Aunque el concepto pueda parecer sencillo, su impacto potencial se relaciona con mecanismos complejos como:
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la regulación del sistema nervioso autónomo,
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la modulación del estrés fisiológico,
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la respuesta inflamatoria,
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y los ritmos circadianos.
Grounding y evidencia científica: ¿qué sabemos hasta ahora?
La investigación sobre grounding es aún limitada, pero existen estudios preliminares que aportan datos interesantes cuando se interpretan con cautela.
Grounding, sistema nervioso y estrés
Algunos estudios han observado cambios en los niveles de cortisol —hormona clave en la respuesta al estrés— tras periodos de contacto con la Tierra, especialmente durante el descanso nocturno. Estos resultados sugieren una posible influencia sobre el eje neuroendocrino y los ritmos circadianos.

Desde el punto de vista clínico, esto conecta con algo que observamos a menudo en consulta: pacientes con dolor persistente, insomnio o fatiga presentan con frecuencia un sistema nervioso en estado de hiperactivación.
Grounding, inflamación y dolor
Otras investigaciones han explorado el efecto del grounding sobre marcadores inflamatorios, la viscosidad sanguínea y la percepción del dolor. Algunos resultados apuntan a:
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disminución de procesos inflamatorios de bajo grado,
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mejora subjetiva del dolor musculoesquelético,
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cambios en parámetros circulatorios.
Es importante subrayar que estos estudios no permiten afirmar una causalidad directa, pero sí abren una vía interesante para considerar el grounding como una estrategia complementaria, nunca sustitutiva, dentro de un plan terapéutico bien estructurado.
Grounding y descanso
La mejora del sueño es uno de los beneficios más referidos tanto en los estudios como en la práctica clínica. El contacto con la Tierra, especialmente combinado con luz natural diurna y ritmos regulares, podría favorecer una mejor regulación del sistema nervioso y del descanso nocturno.

Grounding como práctica corporal: una mirada clínica
Desde la osteopatía y la fisioterapia entendemos el cuerpo como un sistema interconectado. El contacto con el suelo no es solo una cuestión eléctrica: implica propiocepción, estimulación sensorial, regulación postural y respiración.
Caminar descalzo o con mínima interferencia mecánica:
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activa la musculatura intrínseca del pie,
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mejora la información aferente hacia el sistema nervioso,
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influye en la postura global,
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y puede contribuir a una mayor sensación de estabilidad y seguridad corporal.

En consulta, observamos que muchos pacientes con dolor crónico, alteraciones posturales o sobrecarga del sistema nervioso presentan una desconexión importante del apoyo plantar.
¿En qué tipo de pacientes puede ser útil el grounding?
Siempre como si fuera un complemento y con criterio clínico, el grounding puede ser especialmente interesante en personas con:
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dolor musculoesquelético persistente,
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estrés crónico o ansiedad,
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alteraciones del sueño,
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sobrecarga del sistema nervioso autónomo,
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rigidez postural o pérdida de movilidad funcional,
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procesos de recuperación tras lesión (cuando está indicado).
No es una práctica universal ni válida para todos los contextos, y debe adaptarse a la situación de cada persona.
Pautas prácticas: cómo integrar el grounding de forma segura
1. Grounding en la naturaleza
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Caminar descalzo sobre césped, tierra o arena.
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Empezar con 10–15 minutos y aumentar progresivamente.
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Mantener una respiración tranquila y atención al apoyo del pie.
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Evitar superficies extremas si hay dolor, neuropatías o alteraciones cutáneas.

2. Exposición solar consciente
El grounding suele ir acompañado de tiempo al aire libre, lo que añade el beneficio de la luz natural:
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exposición solar breve y progresiva,
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preferiblemente por la mañana o última hora de la tarde,
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respetando siempre el tipo de piel y las recomendaciones médicas.

La luz solar es un regulador clave de los ritmos circadianos y del sistema nervioso.
¿Y si no puedo ir descalzo? El papel del calzado respetuoso
En entornos urbanos o laborales, ir descalzo no siempre es posible. En estos casos, el uso de calzado respetuoso puede ser una alternativa razonable.
Un calzado que:
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permita la movilidad natural del pie,
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tenga suela fina y flexible,
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respete la anatomía de los dedos,
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y no bloquee la propiocepción,
Nos facilita una relación más funcional con el suelo, aunque no sustituye completamente al contacto directo.
Desde la posturología, este tipo de calzado ayuda a mantener una mecánica de apoyo más fisiológica y coherente con el movimiento natural.
Conclusión: grounding, criterio y acompañamiento profesional
El grounding no es una moda ni una solución milagrosa. Tampoco es algo ajeno a la fisiología humana: es una práctica sencilla que conecta el movimiento, el sistema nervioso, la postura y el entorno.
La evidencia científica actual es todavía emergente, pero suficiente para considerarlo una buena herramienta complementaria, siempre integrándola dentro de un abordaje clínico individualizado y acompañado por profesionales de la salud.

Desde la osteopatía, la fisioterapia y la posturología, acompañar a las personas a reconectar con su cuerpo forma parte de una mirada más completa, humana y respetuosa de la salud.
¿Tienes dudas sobre cómo integrar el grounding en tu caso concreto?
En Osteopatía Sants te acompañamos con una valoración personalizada y un enfoque integral de salud.


